Nos saludamos con bromas, nos besamos, nos amamos, y caminamos por las calles de siempre en medio del helado setiembre, ese setiembre que n...

Nos saludamos con bromas, nos besamos, nos amamos, y caminamos por las calles de siempre en medio del helado setiembre, ese setiembre que nos castigaba con un frío incomparable así como inexplicable. Llevaba los guantes míos que le había obsequiado y que le quedaban grandes Yo, por mi parte, llevaba su chalina verde que me había prestado para superar mi fuerte resfrío, como todos los que siempre tengo.

Ella de repente, en medio de nuestras conversaciones sobre temas muy importantes, me menciona que se va, que se iba de viaje, y el razonamiento y reflexión del tema trajo consigo muchas cosas.

Dijimos mucho, lloramos mucho, nos confesamos mutuamente, fue una de las pocas veces o quizás la única, en que he visto a una persona abrir su corazón, y yo lo hice también, lo que de repente nunca había hecho, abrí mi corazón, para que ella mirara, para que entrara y explorara esa habitación desordenada, confusa, esas cuatro paredes adornadas con cuadros suyos, con sus recuerdos, con mis sentimientos, esas cuatro paredes de mi corazón pintadas color melón.

Me sentí muy mal por cosas futuras, cosas que creí ya había meditado, pero que retan nuevamente mi capacidad de hacer razonamientos, desafían toda teoría existente con argumentos tan simples, hechos que se sienten, que duelen, que me hacen llorar en sus hombros.

Me hizo sentir tan amado, de muchas formas, de su forma y de la mía, porque ella me dice que tenemos distintas formas de amar, de ser felices, y yo la verdad le creo. Me doy cuenta de que eso es cierto, hay muchas formas de amar, de ser felices. Mientras amemos, nos sentiremos vivos, seremos humanos, lloraremos y luego reiremos como locos, mientras nuestras lágrimas aún broten al azar una tras otra y uno pase de abrazado a abrazador.

Yo amo, yo vivo, soy humano, soy feliz, te amo.


Son como más de las diez y a Sabina le da más o menos la misma hora, la mujer sin sombrero de Silvio sigue sin él y el Joaquín va por una a...

Son como más de las diez y a Sabina le da más o menos la misma hora, la mujer sin sombrero de Silvio sigue sin él y el Joaquín va por una aventura sexual en un hostal quién sabe de dónde, talvez de Atocha o de Madrid.
Busca un encuentro pa iluminar su día. Y anda por su calle melancolía. Y aunque intenta cambiarse a la calle de la alegría, al menos encuentra un momento pa silbar su melodía y ser feliz. Ya no quiere pasar por el viejo boulevard, aquel por donde pasan de largo los terremotos.


te

te

Venía de la universidad, había habido una verbena y yo tenía uno que otro vaso de cerveza encima, no estaba nada mareado (pfff en serio). ...

Venía de la universidad, había habido una verbena y yo tenía uno que otro vaso de cerveza encima, no estaba nada mareado (pfff en serio). Aún así, me vine medio dormitando casi todo el largo camino que normalmente toma ir desde la universidad hasta mi casa. Tomé mi segunda “combi” , y medio despierto y medio dormido iba distinguiendo cómo las luces naranjas de los postes se alejaban de mí, se acercaban de nuevo.

Subió a la combi una silueta femenina que al principio no me llamó para nada la atención, pero cuando se sentó, empecé a notar en ella algo familiar, me parecía conocerla, el miedo a equivocarme me hizo callar. Iba conversando con un muchacho de su misma edad, ha de ser su novio, pensé. Seguía pensando que la conocía, y pensé y pensé y cuando ella se rió, cuando mostró esa sonrisa de dientes blancos y de ojos chinitos, la identifiqué, se trataba de Milagritos, la niña de quien estaba perdidamente enamorado en el colegio, era ella, su voz, su risa, sus ojos… era ella.

Mantenía aún su rostro inocente de la primaria, su forma de vestir seguía siendo sobria, llevaba una chompa verde y unos aretes pequeños como los que solía llevar al colegio, no lo podía creer, y justo esa noche estaba pensando en ella… No podía dejar de observarla, quería contemplar cada milímetro de su rostro, verla sonreír, pues me alegraba y me hacía recordar la forma inocente en que la amaba. La observé tanto que no me di cuenta de que me había pasado el paradero.

No le dije nada, quizás por temor a confundirme o por simplemente continuar con la forma en que la amé en el colegio: en silencio. Esa noche recordé la inocencia y la pureza de los sentimientos que tuve y que felizmente aún puedo sentir.


Tengo sueños en los que aparecen colores marrones blancos, sensaciones oscuras y lugares distorsionados, mi espalda fría y azul me da cuenta...

Tengo sueños en los que aparecen colores marrones blancos, sensaciones oscuras y lugares distorsionados, mi espalda fría y azul me da cuenta de que estoy en una pesadilla. Alguna vez cuando he intentado controlar mis pesadillas. logro volar, y destruir a la parca que me sigue. Y entre dormido o despierto me encuentro con el ángel que ha guardado mi sueño, quien secretamente me estuvo ayudando y sea o no otro sueño me encanta vivirlo o soñarlo pues así soy feliz.

Mi ángel, tú. Gracias por protegerme aún en sueños.

Recuerdo no haber sido nada esa noche, mas en sueños te vi y me hice ser, volví a soñar que te abrazaba como antes, que te abrazaba como...

Recuerdo no haber sido nada esa noche,
mas en sueños te vi y me hice ser,
volví a soñar que te abrazaba como antes,
que te abrazaba como siempre por una eternidad,
en la eternidad de mi mundo onírico.

Desperté con una sensación de vacío.




Había una vez un  pueblito, De calles cortas y arenosas, Ahí jugué pelota y al kiwi, Y quedé embarrado de tierra y alegría. En las tar...

Había una vez un  pueblito,
De calles cortas y arenosas,
Ahí jugué pelota y al kiwi,
Y quedé embarrado de tierra y alegría.

En las tardes interminables reí,
Buscando formas en las nubes,
Hasta que una fue mi princesa,
Me llegaste y fui más feliz.

El cielo se oscurece y se asoman las estrellas,
Cada una una rosa,
Mi rosa, te veo claramente .
No me dejes,
No te hagas fugaz,
Brilla más por favor.

No quiero que amanezca.



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